La vida en familia en tiempos del COVID-19

Esta situación de emergencia nos dejó a todos sin palabras. No hay más que oír el silencio de las calles, después de haber sido confinados en nuestras casas. ¡El silencio de niños y niñas se hace especialmente elocuente! 

El desconcierto se ha apoderado de nuestras vidas y toca hacer frente al miedo y la angustia, que aunque compartidos, son siempre sentidos por cada uno de manera particular. 

Cómo hacer con este ‘enemigo’ invisible, ‘incoloro, inodoro e insípido’, en ingeniosas palabras del filósofo Emilio Lledó. Y cómo hacerle frente… En familia, en la diversidad de las familias.

Ante este nuevo escenario, inédito e imprevisible, las recomendaciones para hacer vivible la vida en común, no se hicieron esperar. 

Rutinas para todos, gimnasia, deberes, ocio, creatividad, actividades compartidas, escuchar y tener en cuenta a los niños, a la pareja, a la abuela… Sin olvidar buenas dosis de paciencia, templanza y lucidez.

Sin apenas darnos cuenta, transitamos del estupor inicial paralizante a la familiar hiperactividad. Creímos haberla dejado en ‘stand by’, al menos por un tiempo. ¡Imposible de cumplir! 

Por fortuna, niños y niñas nos dan prueba diaria de su ingenio y capacidad para construir las mejores teorías y adaptarse a la nueva realidad. Ellos están familiarizados con los miedos desde su más tierna infancia, los monstruos les suelen acompañar por las noches. 

Desde muy pequeños se convierten en infatigables investigadores* de los enigmas de la existencia, de las cosas que no comprenden y les atemorizan. Siempre las mismas cuestiones, de generación en generación, formuladas con el estilo singular de cada niño, de cada niña.  

¿De dónde venimos? ¿Por qué hay dos sexos? ¿Qué esperan mis padres de mí? ¿Por qué enfermamos? ¿Por qué morimos? 

Las respuestas de los adultos nunca les resultan del todo satisfactorias, no pueden explicar todo, tampoco padres y madres lo saben todo, afortunadamente. Por eso siguen insistiendo, con sus preguntas en bucle, inasequibles al desaliento. 

Cuentos, juegos, dibujos son el soporte con el que elaborar pacientemente su propia visión del mundo, y con ellos re-crean ‘sus mundos’, a su medida. Y así es como van encajando el puzle de la vida. 

Este paréntesis inesperado ha supuesto o debería suponer un cierto alivio, una descarga de las exigencias habituales. Como ocurre en la gran mayoría de familias, las obligaciones laborales, entre otras, reducen a unas horas diarias el tiempo compartido.

Ahora hay tiempo incluso para aburrirse ¿por qué no? Algunos padres nos cuentan que sus hijos, habitualmente ‘muy movidos’, están más tranquilos desde el confinamiento. La vida en familia, poder estar juntos, charlar por el gusto de hacerlo. Con calma, sin prisas, estando presentes. 

Un tiempo único, para seguir investigando, como cuando éramos niños, aunque no lo recordemos.

Anna Gasull Monmany. Equip Clinic Cipais
Psicòloga col. 573. Psicoanalista. 
DAPPI Dispositiu d’Atenció a la Parentalitat i a la Primera Infància (0-6 anys)

Freud, S. (1908), ‘Sobre las teorías sexuales infantiles’, Obras Completas.

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